La Reina de la Gravedad tiene una masa
muscular de cuarenta y ocho kilogramos y se encuentra en Heksville a una
distancia de cincuenta y cuatro metros de un muro vertical. Si para llegar a él
crea un campo gravitacional con las mismas condiciones que Júpiter, ¿cuánto
tardará Kat en llegar al muro? ¿y si el campo simula las condiciones de la
Tierra?
Antes de escribir este artículo, hablé
largo y tendido con una ingeniera en telecomunicaciones sobre física, gravedad
y la base de los poderes de Kat, la protagonista de Gravity Rush 2. "La
ley de gravitación universal dice que la masa del cuerpo que atrae hacía si es
directamente proporcional a la fuerza con la que atrae al otro cuerpo. Es
decir, que cuanta más masa tiene el planeta en cuestión, con más fuerza
atrae", me recordó. De ese modo, la Reina de la Gravedad es capaz romper
el vínculo que une su cuerpo con la tierra para flotar en el aire, reduciendo
su masa a cero, y después crear uno nuevo de la nada, en cualquier rumbo u
objeto, para desplazarse en caída libre en esa dirección.
Alrededor de ese concepto orbitan todos
los rasgos mecánicos de Gravity Rush 2: tener un control total del movimiento y
la gravedad con Kat. Caer donde quieras caer y golpear donde quieras golpear,
con total precisión. Aprender a desplazarse en base a unas reglas nuevas para
nosotros. A partir de esa estructura se despliega el amplio abanico de opciones
para el combate: combos básicos de patadas en el suelo, fintas, la patada de
gravedad (dejarse caer con el tacón por delante, algo que resulta precioso),
los ataques especiales y el campo gravitacional que la Reina puede generar en su
cuerpo para atraer objetos cercanos y lanzarlos.
La regla de oro de una buena curva de
dificultad es que nunca dejes de aprender y aplicar conocimientos nuevos. Y así
ocurre aquí. Debemos aprender a tener absoluto control del espacio y del
posicionamiento de Kat durante el combate, mientras aplicamos las técnicas de
ataque: aprovechar un desplazamiento cerca del suelo para atraer varios objetos
y lanzarlos, o al propinar una patada de gravedad, antes de rebotar, hacer que
la gravedad vuelva a su estado inicial y podamos posarnos en el suelo y
encadenar golpes ahí directamente. Este tipo de trucos, aplicados directamente
por el jugador y su habilidad, hacen que el combate sea más dinámico, más
uniforme, y con buen sentido del flow, y también se traduce en lo
estético: cuanto mejor sabemos jugar a Gravity Rush, más bonita y divertida es
la acción. Gracias a una perfecta consonancia entre sus mecánicas y a que el
juego no deja de proponer situaciones nuevas (la variedad en las misiones es
asombrosa), la obra culmina en belleza, felicidad y explosividad.
La novedad más importante respecto a la
primera entrega es la inclusión de nuevas variantes de los poderes
gravitacionales de la (otra) bruja rubia y su gato negro: la forma Lunar y la
forma de Júpiter. Bajo la misma estructura, estas formas alteran las leyes
gravitacionales de sus poderes. La primera es aplicada en base a la masa de la
Luna y hace que se sienta más ligera, pueda hacer combos aéreos permaneciendo más
tiempo en el aire, y pueda dar saltos más largos. Por otro lado, con la
segunda, los poderes actúan en base a la masa de Júpiter: Kat se siente pesada
y le cuesta andar bien en tierra firme, pero los golpes en caída son
devastadores y puede generar esferas de materia comprimida con el campo
gravitacional. Serán nuevas lecciones que deberemos aprender y aplicar
correctamente, primero de forma individual y luego combinadas entre si junto a
la terrestre, para llevar a cabo de forma óptima los objetivos de cada misión y
salir victoriosos de cada combate. Además, las gemas que vamos consiguiendo se
pueden canjear por mejoras y atributos nuevos distribuidos en varios árboles de
habilidad, lo que también contribuye a la progresión. Como en un curso anual,
empieza con las lecciones más básicas, la intensidad aumenta progresivamente, y
el tramo final del juego se convierte en un huracán apasionante. Todo ese
conocimiento, aplicado a unos cuantos problemas en el examen final.
Los cimientos jugables ya estaban establecidos
en el primer Gravity Rush, pero era un diamante en bruto. Utilizar la gravedad
como mecánica principal fue (y es) una idea estupenda, original, única a su
manera, pero que no terminaba de dar en el clavo en su ejecución. Pese a que la
forma de jugar se basa en esas alteraciones gravitacionales, el combate exigía
un flow y un equilibrio que nunca se concretaba del todo, y
siempre acababas usando un par de opciones y las demás tenían poca o nula
importancia. Este planteamiento jugable necesita equilibrio entre todas sus
mecánicas, tras el equilibrio vendrá el perfeccionamiento, y por último la
armonía y la danza al jugar. Son fórmulas de diseño basadas en el aprendizaje
progresivo y en la curva de dificultad que Toyama y su equipo han conseguido
dominar, y así lo demuestran en esta secuela para la consola de sobremesa de
Sony. El diamante pulido, por fin.
Gravity Rush 2 es un juego agradable, como
su protagonista, en el que de vez en cuando merece la pena pararse a
simplemente disfrutar. Pese a estar siempre solicitada para ayudar a las
personas con sus poderes, y a que en muchas ocasiones acabe en problemas por
ello, Kat es un personaje extremadamente alegre que sabe encontrar la alegría
en momentos muy concretos y no perder jamás la sonrisa. Vive en la tubería de
una alcantarilla, pero será la persona más feliz del mundo comiendo un perrito
caliente. Uno de los mejores detalles del juego es que el poder de Kat no es
necesariamente destructivo, y de hecho es tan simpático como ella. Junto con su
característico estilo narrativo y artístico del comic japonés (la sensación al
jugar a Gravity Rush 2 recuerda mucho a la de leer manga shōnen, con la
epicidad que lo caracteriza), es la combinación perfecta para que el jugador
adopte esa misma postura y disfrute cada momento. Un ejemplo evidente de ello
es una de las mejores misiones del juego, donde todo está en calma y no hay ni
un solo enemigo: Kat usa sus poderes para jugar con una niña. La felicidad en
las cosas pequeñas.
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